¿Cómo se vive la migración cuando eres niño?
Para muchas personas, migrar significa cambiar de ciudad o de país. Para una niña o un niño, migrar significa cambiarlo todo al mismo tiempo. No solo se deja un lugar atrás. Se dejan rutinas, rostros conocidos, formas de jugar, de dormir y de sentirse seguro. La migración, vista desde la infancia, se vive en lo cotidiano.
Dormir donde se puede
Cuando eres niña o niño, dormir suele ser sinónimo de descanso. En contextos de migración, dormir muchas veces significa adaptarse. Puede ser una colchoneta, un espacio compartido o un lugar que no se siente propio. Cada noche es distinta. Y aunque el cuerpo duerme, la mente permanece alerta, aprendiendo a convivir con la incertidumbre.
Jugar, aunque el lugar cambie
El juego no desaparece, se transforma. Una niña encuentra formas de jugar incluso en espacios reducidos. Un niño convierte cualquier objeto en un juguete. Jugar es una manera de seguir siendo niño, aun cuando el entorno no está pensado para la infancia. Pero no siempre hay tiempo, espacio o seguridad para hacerlo. Y cuando el juego se pierde, la infancia se vuelve más pesada.
Leer también: Cómo la alfabetización transforma comunidades en México
Esperar sin entender del todo
La migración está llena de esperas. Esperar a que algo se resuelva. Esperar una respuesta. Esperar a que el camino continúe. Para la niñez, esperar sin comprender completamente el “por qué” puede ser confuso y agotador. El tiempo se siente largo cuando no hay certezas, y el presente se vuelve una pausa constante.
Adaptarse una y otra vez
Migrar implica adaptarse a nuevos espacios, reglas y personas. Para una niña o niño, adaptarse no es una decisión: es una necesidad.
Aprenden rápidamente a leer el entorno, a observar antes de confiar, a acomodarse a lo que hay. Esta capacidad de adaptación es una forma de resiliencia, pero también un recordatorio de que ninguna infancia debería vivir en permanente ajuste.
Sentir sin saber cómo nombrarlo
Miedo, nostalgia, confusión, esperanza. Las emociones aparecen juntas y no siempre encuentran palabras. Muchas niñas y niños en movilidad sienten más de lo que pueden expresar. Por eso, el acompañamiento emocional es tan importante: alguien que escuche, que valide, que proteja.
Leer también: ¿Qué peligros enfrentan los niños migrantes en el camino?
La infancia sigue ahí, aunque esté en movimiento
Ser niña o niño en contexto de migración no borra la necesidad de cuidado, juego y afecto. La infancia no se detiene, solo cambia de escenario. Protegerla implica entender que migrar no debería significar perder el derecho a sentirse seguro a jugar y a ser acompañado.
Proteger la infancia en movimiento es una decisión colectiva. Con Corazones en Movimiento, en World Vision México trabajamos para que niñas y niños en movilidad tengan espacios seguros, acompañamiento y cuidado.
Si quieres sumarte y ayudar a que la dignidad siga en movimiento, haz clic aquí

