¿Por qué hablar de dignidad cuando hablamos de migración infantil?
Cuando se habla de migración infantil, muchas veces la conversación se centra en el trayecto: el lugar de origen, el destino, el cruce de fronteras. Sin embargo, hay un elemento fundamental que suele quedar fuera del debate: la dignidad.
Hablar de dignidad es recordar que las niñas y los niños en movilidad no son únicamente parte de un fenómeno migratorio, sino personas con derechos, emociones y necesidades que deben ser respetadas en todo momento.
La dignidad no se pierde al moverse
La dignidad no depende del lugar donde se nace ni del territorio que se habita. Tampoco se pierde al cruzar una frontera o al cambiar de país. Para la niñez, la dignidad se expresa en lo cotidiano: sentirse segura, ser escuchada, tener un espacio donde descansar y la posibilidad de seguir siendo niña o niño.
Cuando estas condiciones faltan, la infancia se vuelve más vulnerable, aun cuando el camino continúe.
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Migrar no debería significar solo sobrevivir
En contextos de movilidad, las familias suelen enfocarse en cubrir lo urgente: alimentación, refugio y descanso. Esto es comprensible, pero la dignidad va más allá de la supervivencia.
Una infancia digna también necesita juego, cuidado emocional y protección. Necesita tiempo para adaptarse, para expresar lo que siente y para no cargar sola con experiencias que no eligió vivir.
La dignidad como forma de protección
Hablar de dignidad también implica hablar de protección. Las niñas y niños en movilidad enfrentan riesgos que no siempre son visibles, por lo que garantizar entornos seguros y acompañamiento emocional es fundamental.
Proteger la dignidad significa prevenir abusos, evitar la invisibilización y reconocer que la niñez necesita cuidados específicos, especialmente en contextos de cambio e incertidumbre.
Reconocer a la niñez como sujeto de derechos
Uno de los mayores retos en la migración infantil es que las niñas y los niños sean reconocidos como sujetos de derechos. No son solo acompañantes de una familia ni una cifra dentro de un flujo migratorio.
Hablar de dignidad es insistir en que sus derechos deben ser garantizados sin importar su situación migratoria, su lugar de origen o el punto del camino en el que se encuentren.
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Proteger la dignidad también es una responsabilidad colectiva
La protección de la dignidad de la niñez en movilidad no es tarea de una sola persona u organización. Es un compromiso colectivo que requiere empatía, información y acción.
Cuando una niña o niño se siente protegida, puede recuperar la confianza. Cuando una infancia es acompañada, el camino se vuelve menos hostil. Por eso es fundamental seguir hablando de dignidad cuando hablamos de migración infantil.
En Corazones en Movimiento, trabajamos para que niñas y niños en movilidad cuenten con espacios seguros, cuidado y acompañamiento emocional.
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